El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anticipó el colapso del régimen cubano en un horizonte de dos años o incluso antes, durante una serie de declaraciones ofrecidas en el estado de Florida. El mandatario estadounidense sostuvo que la dictadura de la isla «no va a durar mucho más» y remarcó que la Casa Blanca se enfocará plenamente en esa cuestión geopolítica una vez que culmine el conflicto con Irán.
En el marco de una entrevista con el periodista Benny Johnson, el jefe de Estado norteamericano afirmó que existe un «cero por ciento» de probabilidades de que la dinastía Castro continúe en el poder cuando finalice su actual período presidencial en 2028. Asimismo, calificó a Cuba como un «país fallido» y aseguró que su administración facilitará que «la gente regrese allí muy pronto».
Eje estratégico y gestiones del Departamento de Estado
El mandatario vinculó la postura diplomática hacia La Habana con el accionar desplegado por su gobierno en la región, tomando como referencia los antecedentes inmediatos registrados en Venezuela. En ese marco, destacó el rol del secretario de Estado, Marco Rubio, señalando que el funcionario sigue de cerca la evolución del escenario cubano.
Días previos a su intervención en Florida, Trump había deslizado en otros actos la posibilidad de posicionar embarcaciones en proximidades de la costa cubana y encomendar a Rubio las negociaciones del caso. Estos planteos se alinean con su reciente discurso ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), donde sostuvo formalmente que Washington persigue un «cambio fundamental» en la isla ante lo que considera un régimen al borde del colapso.
Pronósticos de la oposición en el exilio y respuesta del régimen
La visión de la Casa Blanca fue respaldada por sectores de la oposición cubana en el exilio. El dirigente José Daniel Ferrer, líder del Frente Antitotalitario Unido citado por la cadena NTN 24, sostuvo que existen contactos con funcionarios estadounidenses que apuntan a la posibilidad de una «operación relámpago» una vez resuelto el frente iraní, afirmando que «va a haber una acción militar» debido a la postura inamovible de las autoridades de La Habana.
Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, había convocado a la población cubana a colaborar con agencias de inteligencia norteamericanas para precipitar una transición, definiendo al sistema económico de la isla como colapsado.
En contraposición a las advertencias de Washington, el canciller del régimen cubano, Bruno Rodríguez, manifestó que el gobierno de La Habana se encuentra preparado para tolerar las presiones diplomáticas y económicas de los Estados Unidos «el tiempo que haga falta», confiando en un eventual viraje en la política exterior de la potencia norteamericana.





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