Economía y agro

Comer asado en Uruguay sale un ojo de la cara y cae el consumo

La suba de precios encareció el asado y los cortes tradicionales, inclinando el consumo hacia alternativas más accesibles como el pollo y el cerdo.

Variedad de carnes vacuna, de pollo y de cerdo en la vitrina de un comercio.
Fotografía ilustrativa sugerida de la vitrina de una carnicería tradicional uruguaya con carteles de precios e exhibición de cortes vacunos y aviares.

La mesa de los uruguayos atraviesa una reconfiguración forzada por el bolsillo. La Unión de Vendedores de Carnes (UVC) encendió las alarmas al confirmar que la demanda de carne vacuna comenzó a resentirse en los comercios de barrio durante el presente año. Tras varios ejercicios de recuperación, la escalada en los precios al mostrador terminó por frenar las compras del producto estrella de la canasta familiar, derivando el consumo hacia proteínas sustancialmente más baratas como la aviar y la porcina.

El fenómeno responde a un encarecimiento generalizado que afectó tanto a la hacienda local como a la hacienda importada desde Brasil y Paraguay. Según explicó el presidente de la gremial, José Luis Fernández, la herramienta de la carne importada —que solía amortiguar los costos para el consumidor— ya no genera el mismo alivio, dado que sus valores también experimentaron subas porcentuales severas. Esta situación llevó a que la carne extranjera pasara de representar un 33 % del mercado interno en 2025 a situarse cerca del 50 % en el presente ejercicio, equiparando la oferta nacional.

Balanza comercial y cortes de asado en una carnicería de barrio.
Balanza comercial y cortes de asado en una carnicería de barrio.

La disparidad de precios en el mostrador

La distancia de costos entre las distintas opciones explica el cambio de hábito en los consumidores. En los mostradores montevideanos, cortes de consumo masivo como la carne picada magra se comercializan en el entorno de los $ 400 el kilo, el asado de campo alcanza los $450 y la nalga para milanesas llega a los$ 600 por kilo. Estos guarismos aproximan el valor de la carne bovina en el mercado local a estándares de países desarrollados, alejándolo del alcance diario del salario promedio.

En contraposición, las carnes de monogástricos mantienen un margen competitivo imbatible. El kilo de pollo entero se ubica en los $200 y las ofertas de muslo bajan hasta los$ 128 por kilo. Por el lado del cerdo —importado casi en su totalidad desde Brasil—, cortes como la bondiola cotizan a $ 200 el kilo y el carré a $ 220, consolidándose como refugios económicos para los hogares.

La mirada puesta en las fiestas y el reclamo por el IVA

Ante la inminencia de las fiestas de fin de año y las tradicionales despedidas, los carniceros prevén gestionar ante el Poder Ejecutivo la aplicación de flexibilizaciones tributarias puntuales. La intención del sector es solicitar la quita del IVA a la carne ovina para amortiguar el impacto en la canasta navideña, considerando que sin asistencia estatal el kilo de cordero entero rondará los $ 400 y el de lechón alcanzará los $ 480.

Los datos consolidados del Instituto Nacional de Carnes (INAC) confirman una transformación estructural en el consumo: mientras que en 2015 la carne vacuna y ovina representaban el 62 % del total ingerido por habitante, en el último quinquenio esa participación cayó al 52 %, cediendo terreno frente al avance constante del pollo y el cerdo.

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