De la adolescencia a la fama: la historia de Luis Tosar
El nombre de Luis Tosar es sinónimo de excelencia en el cine español, considerado uno de los actores más destacados y premiados del país, con tres premios Goya en su haber. Sin embargo, en su juventud, su verdadera pasión no era el mundo del espectáculo, sino el ámbito de las Fuerzas del Orden.
Sus inicios y aspiraciones en el ejército
En su participación en el programa de televisión Al cielo con ella, Tosar relató que el ejército español fue en su adolescencia el único lugar que le ofrecía lo que buscaba en esa etapa. Cuando cambió de instituto y pasó de estar rodeado exclusivamente de chicos a estudiar en uno mixto, su vida dio un giro radical. Se describió como un joven “muy desubicado geográficamente en su ciudad, sin conocer a nadie”, lo que le llevó a convertirse en un adolescente introspectivo, algo raro y en una búsqueda de su identidad, durante sus primeros años en la secundaria.
Conciencia y decisiones que marcaron su vida
En ese período, Tosar comenzó a interesarse por actividades relacionadas con la supervivencia, pasando mucho tiempo solo en la naturaleza. Recordó que empezó a leer libros de supervivencia y a ir al monte, inicialmente acompañado por un amigo que luego dejó de acompañarlo al tener novia. Ahí fue cuando se interesó en el ejército, interesándose en las fuerzas especiales, las COES, y esperando cumplir los 16 años para presentarse como voluntario, con el permiso de sus padres. “Estaba esperando para cumplir los 16, porque ya había hablado con mis padres, y ellos decían: ‘Bueno, yo qué sé, fai o que querías, ¿no?’ Y me habían dado permiso, porque necesitabas permiso paternal para poder presentarte voluntario a los 16 a las COES, que son las fuerzas especiales”, relató.
El cambio de rumbo y su compromiso en el cine
Finalmente, Tosar optó por abandonar esa carrera y se convirtió en objetor de conciencia, dejando de lado la idea de empuñar armas en las fuerzas especiales. La influencia de esa etapa de su vida quedó reflejada en su carrera cinematográfica, como en su papel en la película 1898: Los últimos de Filipinas, donde interpretó a un personaje que refleja una vida que nunca vivió, pero que lo llena de satisfacción y reconocimiento profesional.





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