En la historia de los cárteles de droga en México, pocas mujeres han sido reconocidas por los propios narcos, quienes han otorgado poder propio a algunas fuera de ser esposas, amantes o familiares de los capos. Sin embargo, una figura destacada fue Luz Irene Fajardo Campos, conocida como “La Comadre”. Desde joven, fue víctima de abusos, lo que la llevó a ser obligada a casarse con su agresor. A pesar de las adversidades, logró escalar hasta convertirse en una de las principales lideresas del Cártel de Sinaloa y mantuvo estrechos lazos con Joaquín “El Chapo” Guzmán, con quien además compartía amistad con sus hijos, quienes eran de la misma edad.
Su historia tuvo un precio alto: además de sufrir la pérdida de sus dos hijos, Fajardo Campos recibió una condena de 22 años de prisión el 27 de julio de 2021 por operaciones de tráfico de drogas entre México, Colombia y Estados Unidos. Durante el juicio, las autoridades estadounidenses la describieron como “la cara femenina” del Cártel de Sinaloa y la compararon con Joaquín “El Chapo” Guzmán, considerándola una figura de gran influencia dentro de la organización.
La trayectoria criminal y su rol en el narcotráfico
Conocida también como “La Madrina” o “La Doña”, Luz Irene Fajardo Campos dirige actualmente laboratorios clandestinos de metanfetamina en la región que conecta Sonora y Sinaloa. Para mantener y ampliar sus actividades ilícitas, cuenta con el apoyo de su hija Arlene y de sus tres hijos: Eduardo Luis, Francisco Rubén y Sixto. La investigación de Estados Unidos intervino su línea telefónica en 2013, aunque ninguna de las conversaciones que sostuvo con Joaquín Guzmán Loera fue utilizada como prueba en su proceso legal. Hasta su captura, mantiene una red limitada de colaboradores en la que participan sus hijos y el mismo “Chapo”.
La condena a cadena perpetua de Ismael “El Mayo” Zambada en Estados Unidos, además de sellar el destino judicial de uno de los mayores capos mexicanos, evidenció la enorme distancia económica que lo separa de su exsocio Guzmán. La historia de estas figuras refleja la fragmentación interna del cártel tras la captura de Guzmán y la sucesión de líderes que han buscado mantener el control del narcotráfico en la región.
Sus primeros años y los inicios en el narcotráfico
Según revela Deborah Bonello en su libro “Narcas: the secret rise of women in Latin America’s cartels”, Fajardo Campos creció en Cosalá, Sinaloa, donde tuvo contacto con plantíos de amapola y marihuana, desde donde comenzó a familiarizarse con el funcionamiento del tráfico de narcóticos y la influencia del Cártel de Sinaloa desde temprana edad. Antes de alcanzar la mayoría de edad, fue secuestrada y violada por un grupo de hombres, según detalla la periodista, y poco después, sus abuelos —a cargo de su crianza— la obligaron a contraer matrimonio con un hombre que también la sometió a abuso sexual y psicológico.
Durante una audiencia ante las autoridades estadounidenses, un juez consideró que estos episodios pudieron haber impulsado a Fajardo Campos a incursionar en el narcotráfico, en un intento de sostener a su familia luego de abandonar a su esposo.
Camino al liderazgo y expansión de sus actividades ilícitas
Hacia 2010, Fajardo Campos comenzó a traficar drogas. A diferencia de la estructura del Cártel de Sinal
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