En la mañana de este martes 6 de octubre de 2026, el Banco Mundial dio a conocer su informe titulado Panorama económico de América Latina y el Caribe, en el que actualizó las proyecciones de actividad económica para los países de la región. En lo que respecta a Uruguay, la entidad multilateral recortó su estimación de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para el cierre de este año, ajustándola de un 1,6% previo a un 1,2%.
El ajuste a la baja no se limitó únicamente al ejercicio en curso. Para 2027, las proyecciones del organismo multilateral experimentaron una leve revisión a la baja, pasando de un 1,9% proyectado anteriormente a un 1,8% en la estimación actual. El rendimiento esperado para la economía uruguaya se alinea con un contexto de expansión moderada en el conjunto regional, para el cual se prevé un crecimiento promedio de apenas 2,2% al cierre del año.
Este ritmo de avance económico más acotado vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de encontrar nuevos dinamizadores productivos que permitan acelerar el desarrollo e incidir de forma directa en el bienestar de la población.
La inteligencia artificial como catalizador de productividad
Frente a la persistencia de tasas de expansión moderadas en la región, el Banco Mundial plantea que América Latina requiere de manera urgente nuevos motores de productividad. En ese horizonte, la rápida difusión global de la inteligencia artificial (IA) surge como un potencial catalizador para transformar las estructuras productivas de los países latinoamericanos.
Sin embargo, el informe técnico hace una distinción conceptual de fondo: contar con acceso digital no asegura por sí solo un uso verdaderamente productivo de la tecnología, de la misma manera que la sola implementación de algoritmos no deriva automáticamente en aumentos de la productividad agregada.
Para que la transición hacia la inteligencia artificial impulse el crecimiento económico en lugar de ampliar las brechas sociales existentes, los países deben superar limitantes de larga data. Entre estas barreras de fondo se destacan la informalidad laboral crónica, el atraso en la mecanización del capital físico y las deficiencias acumuladas en la formación de capital humano y capacidades gerenciales.
Desaceleración económica, informalidad y vulnerabilidad social
El informe del organismo internacional advierte sobre el impacto directo que el menor dinamismo económico tiene sobre las condiciones de vida de la población. La desaceleración de la actividad ha frenado el ritmo de reducción de la pobreza, manteniendo a los hogares vulnerables concentrados entre los trabajadores informales y con menores niveles educativos formalizados.
En América Latina, la informalidad continúa siendo un rasgo estructural extendido. Muchos trabajadores optan por el empleo por cuenta propia atraídos por la flexibilidad operativa y la autonomía. Sin embargo, esta dinámica suele encasillar a los trabajadores en microempresas de escasa escala que no logran crecer ni incorporar innovación tecnológica significativa.
Es justamente en este contexto de heterogeneidad productiva donde la región debe gestionar la incorporación de las tecnologías avanzadas para evitar que el proceso profundice la exclusión.
Oportunidades de bajo costo y la exigencia de inversión estratégica
A pesar de los desafíos estructurales, el documento destaca que la inteligencia artificial encierra promesas concretas para el desarrollo regional. La clave radica en la aplicación de modelos ajustados de bajo costo y alcance específico, orientados a resolver problemas puntuales de la población. Estas herramientas tienen el potencial de alcanzar a millones de personas a través de dispositivos móviles básicos.
Para capitalizar de forma efectiva estas ventajas sin necesidad de desarrollar modelos de frontera de costos multimillonarios, el Banco Mundial remarca que resulta imprescindible invertir en datos utilizables, infraestructura digital adecuada y capacitación continua para los trabajadores.
Desde la perspectiva del organismo, la velocidad del avance tecnológico global otorga un carácter de urgencia a estas reformas. Postergar las decisiones no solo retrasará las ganancias de productividad necesarias para el crecimiento, sino que consolidará un dualismo estructural y acentuará la brecha tecnológica en la sociedad.
Escenarios de política pública e integración tecnológica
De cara a los próximos años, los países de la región enfrentan el desafío de diseñar políticas públicas articuladas que coordinen la inversión estatal con el sector privado. La creación de capacidades para la adopción de tecnologías emergentes exige fortalecer los sistemas educativos y los programas de formación técnica para adecuar la fuerza laboral a los requerimientos del mercado moderno.
La capacidad de Uruguay y la región para encauzar estas transformaciones determinará si la irrupción de la inteligencia artificial logra traducirse en un ciclo sostenido de productividad o si las restricciones estructurales seguirán condicionando las proyecciones de crecimiento en el mediano plazo.






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