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Trump aprueba fusilamiento del autor de la masacre de 2009

Donald Trump dio luz verde para fusilar a Nidal Malik Hasan, condenado a muerte por la masacre de 13 personas en la base militar de Fort Hood en 2009.

Fotografía de archivo del exmayor del Ejército estadounidense Nidal Malik Hasan vestido de uniforme.
Nidal Malik Hasan, condenado por el ataque en Fort Hood.. Fuente: Handout / Getty Images

El escenario de la justicia penal militar en Estados Unidos dio un giro definitivo tras confirmarse que el presidente Donald Trump dio el aval formal para ejecutar mediante un pelotón de fusilamiento al exmayor del Ejército Nidal Malik Hasan. La medida recae sobre el responsable del mortífero tiroteo perpetrado el 5 de noviembre de 2009 en la base militar de Fort Hood, en Texas, episodio considerado como el ataque más grave registrado en una instalación militar dentro de territorio estadounidense.

La confirmación del fallo presidencial fue comunicada a través de las canales oficiales del Pentágono por intermedio de Sean Parnell, portavoz de la entidad. Parnell detalló que la decisión se tomó luego de una recomendación expresa del secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien solicitó formalmente aplicar la pena máxima bajo la modalidad de pelotón de fusilamiento militar para el convicto.

«El secretario de Guerra, Pete Hegseth, recomendó —y el presidente Donald J. Trump ha aprobado— la ejecución mediante un pelotón de fusilamiento del Ejército de los EE.UU. para el terrorista convicto Nidal Malik Hasan, el yihadista que abrió fuego contra soldados estadounidenses desarmados en Fort Hood en 2009», transmitió el vocero a través de su cuenta en la red social X. Tras esta resolución del Poder Ejecutivo estadounidense, la responsabilidad de fijar la fecha exacta y el lugar donde se llevará a cabo el procedimiento quedó en manos del secretario del Ejército.

La reconstrucción de la masacre y el nexo con el extremismo

Los hechos por los que se juzgó a Hasan ocurrieron a finales de 2009 en el Centro de Preparación para Soldados de la base de Fort Hood. En ese sitio, decenas de efectivos militares se encontraban realizando los trámites correspondientes antes de ser desplegados en misiones en el extranjero o aguardando el cierre de sus carpetas administrativas tras retornar del servicio exterior. En ese contexto, Hasan, que en aquel momento se desempeñaba como psiquiatra dentro de la fuerza militar y ostentaba el rango de mayor, irrumpió en el recinto armado y abrió fuego de manera indiscriminada al grito de «Allahu Akbar».

El saldo del ataque fue de 13 personas fallecidas y otras 32 heridas de gravedad. Durante la fase de investigación posterior, las autoridades federales establecieron que el atacante había mantenido comunicaciones fluidas con el clérigo radical Anwar al Awlaki, figura que más tarde asumiría un rol preponderante dentro de la organización Al Qaeda en la península arábiga.

El proceso penal militar contra el expsiquiatra concluyó en agosto de 2013. A pesar de que Hasan decidió prescindir de defensa técnica y actuó como su propio abogado defensor durante el juicio, alegando inocencia en las primeras instancias, el tribunal militar lo halló culpable por unanimidad. La sentencia incluyó 13 cargos por asesinato premeditado y 32 por intento de asesinato premeditado, derivando en la condena a muerte que hasta la fecha lo mantiene recluido en el penal militar de Fort Leavenworth, en el estado de Kansas.

Procedimientos de pena capital militar y repercusión internacional

El uso del pelotón de fusilamiento en el ámbito militar estadounidense representa una modalidad severa que requiere de la ratificación del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, rol que recae constitucionalmente sobre el presidente de la nación. La firma de la orden de ejecución por parte de Trump reactiva la fase final de cumplimiento de penas capitales dentro del fuero castrense, un área donde las aplicaciones definitivas suelen atravesar extensos períodos de apelaciones administrativas e instancias de revisión institucional.

A nivel internacional, el avance de ejecuciones bajo la órbita militar en Estados Unidos suele ser objeto de seguimiento por parte de organismos multilaterales y entes dedicados a los derechos humanos, que monitorean de forma recurrente las políticas sobre pena de muerte en la potencia norteamericana. En el plano regional latinoamericano, los anuncios vinculados a la ratificación de condenas máximas en territorio estadounidense generan habitual atención periodística en el marco del análisis sobre las políticas de seguridad interior y justicia penal aplicadas por Washington.

Con el visto bueno presidencial ya concedido, el caso queda únicamente a la espera del cronograma administrativo que deberá disponer la secretaría del Ejército para cumplimentar la orden de fusilamiento en la jurisdicción que se determine.

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