Economía y agro

El agro se desploma 22% por la sequía y frena la economía en el segundo trimestre

El golpe de la sequía en la soja frenó la actividad en el segundo trimestre y pone en duda las proyecciones del gobierno

Campo de soja afectado por la sequía bajo un cielo despejado en el interior de Uruguay.
La pérdida en la cosecha de soja por la sequía arrastró la economía en el segundo trimestre.

La economía uruguaya sufrió un tropezón que enciende las alarmas en el equipo económico. Según el informe de Cuentas Nacionales publicado este martes por el Banco Central del Uruguay (BCU), la actividad cayó 0,8% en el segundo trimestre del año respecto al trimestre anterior. Al mirar la foto interanual, el Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo 0,5% en comparación con el período abril-junio de 2025. Detrás de estos fríos números hay un impacto directo sobre la producción nacional: la severa sequía que golpeó al campo durante el verano arrasó con los cultivos de soja y le quitó impulso al motor productivo de la economía.

Este freno dejó la actividad económica en un estado de virtual estancamiento que se arrastra desde comienzos de 2025. Aunque algunos rubros urbanos mostraron señales de vida, la caída estrepitosa del sector primario terminó arrastrando el balance general. Con estos resultados sobre la mesa, la brecha entre las proyecciones oficiales y la realidad del mercado se ensanchó a niveles que preocupan a los analistas, volviendo casi inalcanzable el objetivo de crecimiento trazado desde el Poder Ejecutivo para el cierre del año.

El tropiezo del segundo trimestre responde en gran medida al derrumbe del sector agropecuario, que cayó un 22% interanual. La falta de lluvias entre enero y febrero fulminó los rendimientos de la zafra de soja, provocando un desplome del 46% en el acumulado de las exportaciones del grano durante 2026. Al comparar estos datos con el año anterior, cuando la producción agrícola había registrado cifras excepcionales, el contraste resulta todavía más sangriento para las cuentas nacionales.

Para entender el momento actual, hay que observar el comportamiento histórico de la actividad. La economía uruguaya viene alternando trimestres de leve expansión con caídas moderadas, sin lograr consolidar una senda de crecimiento firme. A diferencia de otros períodos de recesión profunda donde el consumo privado colapsaba, esta vez el gasto de las familias logró mantenerse firme con una suba del 2,6%. Sin embargo, ese empuje del mercado interno no alcanzó para compensar la caída del 3,9% en las exportaciones totales de bienes y servicios.

El freno en el motor uruguayo también refleja las dinámicas de una región que avanza a ritmo desigual. El impacto de los fenómenos climáticos extremos en la cuenca del Río de la Plata volvió a demostrar la enorme vulnerabilidad del aparato productivo sudamericano frente al clima. Mientras otros países de América Latina intentan sostener sus exportaciones de materias primas en un contexto internacional complejo, la economía charrúa siente el golpe de la menor venta de granos y la caída del comercio exterior.

A pesar de este escenario desafiante, la inversión interna mostró una cara positiva al crecer un 9,5% interanual. Este impulso no provino del sector tradicional, sino de proyectos de gran porte y de base tecnológica, como los desembolsos asociados a la instalación del nuevo centro de datos de Google y la expansión industrial del sector forestal. Son inversiones estratégicas que sostienen el empleo y la infraestructura, pero que requieren tiempo para derramar de forma generalizada sobre toda la estructura productiva.

Frente a la divulgación de los datos oficiales, los analistas privados no tardaron en poner la lupa sobre las metas del gobierno. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) mantiene una proyección de crecimiento del 1,6% para todo 2026, una meta que ya había sido corregida a la baja desde el 2,2% planteado inicialmente en la Rendición de Cuentas. Sin embargo, la mediana de los economistas consultados en la última encuesta del BCU recortó sus estimaciones al 1%, marcando un claro desacople con el discurso oficial.

Las voces expertas coinciden en que la meta del gobierno quedó prácticamente fuera de alcance. El economista Aldo Lema señaló en sus redes sociales que, tras las cifras del segundo trimestre, el crecimiento promedio del año sigue perfilándose por debajo de los cálculos oficiales y del propio consenso del mercado. Por su parte, el economista José Licandro fue aún más categórico al estimar que la economía terminará creciendo entre un 0,5% y un 0,8%, sosteniendo que para llegar al 1,6% prometido por el MEF se necesitaría un rebote del 3,2% en el segundo semestre, un escenario que calificó como totalmente inverosímil en las condiciones actuales.

El resultado del segundo trimestre le pone un techo muy exigente a las aspiraciones de cerrar el año con un balance holgado. Si el equipo económico no revisa a la baja sus estimaciones, se corre el riesgo de arrastrar desviaciones en las metas fiscales, afectando la planificación del presupuesto público. El desafío para la segunda mitad del año estará en verificar si el consumo y las obras de infraestructura logran absorber el golpe del campo para evitar que el estancamiento se profundice.

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