“Hemos llegado a un punto de la investigación en el que necesitamos recurrir a la sociedad”. Con esa premisa, Walter Santoro, director ejecutivo de la Fundación Internacional Sucesores de Carlos Gardel, lanzó una búsqueda comunitaria para reconstruir los primeros años de formación del máximo icono del tango en Buenos Aires.
El foco de la investigación está puesto en el establecimiento educativo que funcionó en la calle Libertad 455: la Escuela Elemental N.º 2 del Distrito Escolar 6.º, institución que abrió sus puertas en 1895 y operó en esa dirección hasta aproximadamente 1930. Según los registros de la fundación, Gardel ingresó allí en 1899.
Una imagen y la controversia arquitectónica
El reciente impulso del caso comenzó a partir de una fotografía recuperada por investigadores donde se observa a Gardel en el patio de un colegio. Si bien en un principio se atribuyó la imagen a una escuela de Uruguay, Santoro descarta esa hipótesis basándose en estudios arquitectónicos.
“Vos ves distintas fotos del Uruguay y los colegios tienen esa estructura. Pero me enteré por un arquitecto que esa tipología era la más común en la época: una casa chorizo, un estilo habitual tanto en Buenos Aires como en Montevideo. Con el auge de la educación y la ola migratoria, los gobiernos salían a alquilar propiedades residenciales para hacerlas funcionar como colegios”, detalla el investigador.
A pesar de que los archivos oficiales del Ministerio de Educación porteño no conservan el legajo de dicho establecimiento debido a su cierre hace casi un siglo, la Fundación asegura poseer el certificado de estudios original de Gardel emitido por esa institución.
Desmintiendo la placa de Montevideo y los documentos de Tacuarembó
La polémica salpica de forma directa el relato oficial promovido del otro lado del Río de Plata. En Montevideo, sobre la calle Durazno, existe una placa conmemorativa que señala el lugar donde supuestamente se educó el cantante.
Para Santoro, dicha versión carece de rigor técnico: “Es falso. Quienes hicieron la proyección no tenían el plano original y lo dibujaron para forzar la coincidencia. Nosotros, sobre el edificio de la calle Libertad en Buenos Aires, realizamos la proyección de planos y nos da perfecto”.
Respecto al debate sobre la nacionalidad y el origen del artista —dividido históricamente entre la teoría francesista (nacido en Toulouse como Charles Romuald Gardes) y la uruguayista (hijo del caudillo Carlos Escayola en Tacuarembó)—, el titular de la Fundación sostiene que la documentación uruguaya presentada en los últimos meses ya era conocida y formaba parte de los trámites de ciudadanía que el propio Gardel realizó en su momento.
El pedido a los vecinos y el rol del ADN
La madre del cantor, Berta Gardes, era una mujer de recursos limitados. Bajo la deducción de los investigadores, si ella pudo costear la foto escolar de su hijo en 1899, la mayoría de las familias de la Escuela N.º 2 también debió adquirirla.
“Necesitamos una foto más, un boletín o un certificado de promoción de alguien que haya asistido a esa misma escuela entre 1895 y 1930”, señala Santoro, quien apela a los recuerdos o archivos familiares que puedan conservar descendientes de antiguos alumnos porteños.
Sobre la posibilidad de saldar la controversia mediante un peritaje genético, Santoro —quien administra la sucesión legal del artista— se muestra escéptico respecto al impacto cultural de un test de laboratorio:
“Hoy no cambiás la opinión de un fanático ni con un ADN. Te van a decir que falsificaste el cuerpo. Por eso estamos buscando la documentación irrefutable que cierre la discusión desde el rigor histórico. Estoy convencido de que van a aparecer testimonios en la comunidad”.




