Un violento asalto en La Blanqueada registrado durante la noche de este jueves dejó como saldo a una comerciante herida y generó una profunda indignación vecinal ante la ausencia de patrulleros en la escena. El hecho delictivo ocurrió cerca de las 20:30 horas en la intersección de la avenida Luis Alberto de Herrera y la calle Kanstadt, cuando dos delincuentes armados abordaron un salón comercial. A pesar de los desesperados llamados efectuados de forma inmediata al servicio de emergencias por parte de las víctimas, la Policía no se presentó en el lugar ni siquiera tras haber transcurrido casi una hora del hecho.
La situación cobró un tono dramático cuando una de las trabajadoras a cargo del establecimiento fue agredida físicamente por uno de los atacantes dentro del salón. Según la información periodística emitida por Telenoche (Canal 4) y confirmada posteriormente por Uruguay Al Día mediante fuentes directas de la Policía, el delincuente irrumpió empuñando un arma de fuego y golpeó a la mujer para exigirle la entrega inmediata de la recaudación del día.
El episodio violento derivó en un fuerte reclamo de los comerciantes y residentes de la zona de La Blanqueada, quienes manifestaron su cansancio frente a lo que consideran una falta constante de presencia policial en las calles del barrio. La víctima agredida relató la impotencia vivida durante y después del robo, remarcando que la demora en el arribo de las patrullas es una constante que afecta cotidianamente a los emprendimientos comerciales del sector.
Detalles del violento asalto en La Blanqueada y la agresión a la trabajadora
De acuerdo con el relato cronológico proporcionado por las personas que se encontraban en el local comercial al momento del atraco, la secuencia delictiva se desarrolló en forma vertiginosa pero con un elevado nivel de violencia. Sobre las 20:30 horas del jueves, dos hombres se aproximaron a la esquina de Luis Alberto de Herrera y Kanstadt. En ese punto estratégico del barrio La Blanqueada, los sospechosos se dividieron los roles para concretar el delito.
Mientras uno de los ladrones permaneció en la vía pública cumpliendo tareas de vigilancia para alertar sobre una eventual llegada de efectivos o testigos, el segundo delincuente avanzó de forma decidida e ingresó al salón. Con un arma de fuego en la mano, el delincuente encañonó y amenazó a las personas presentes dentro del establecimiento, creando una atmósfera de extrema tensión e inseguridad.
La situación escaló rápidamente cuando el asaltante comenzó a exigir a viva voz la entrega inmediata de la suma de dinero en efectivo disponible en las cajas registradoras. Ante los gritos y la intimidación con el arma, una de las trabajadoras intentó explicarle al delincuente la imposibilidad de cumplir con su exigencia monetaria debido al predominio de los medios de pago electrónicos.
“‘Dennos la plata’… Y yo le decía: ‘No, no tenemos plata’, porque realmente no hay plata, porque con el débito no hay plata”, relató la comerciante al ser consultada por los equipos periodísticos que arribaron al lugar de los hechos. La respuesta de la víctima, basada en la realidad operativa actual de los comercios uruguayos donde la inmensa mayoría de las transacciones se realizan mediante tarjetas de débito o medios digitales, enfureció al agresor. En medio de la discusión, el criminal asestó un golpe físico contra la mujer, provocándole heridas antes de escapar del sitio junto a su cómplice.
La importante demora de la Policía ante el llamado de emergencia
Apenas los delincuentes emprendieron la huida del comercio, las víctimas se comunicaron de inmediato con el servicio de emergencia 911 para reportar la rapiña en curso y solicitar la presencia urgente de un patrullero y asistencia para la mujer golpeada. Sin embargo, el tiempo transcurrió sin que se registrara la llegada de ningún móvil policial a la esquina de Luis Alberto de Herrera y Kanstadt.
Durante la cobertura realizada por las cámaras de televisión —transmitida aproximadamente casi una hora después de haber sucedido el asalto— se constató en el lugar que las unidades policiales aún no habían hecho acto de presencia. Esta marcada demora de la Policía indignó tanto a las trabajadoras afectadas como a los vecinos que se acercaron a solidarizarse tras escuchar las pidiendo ayuda.
El malestar por la inacción de la fuerza pública quedó reflejado en las contundentes declaraciones brindadas por la comerciante golpeada ante los micrófonos de la prensa. La mujer expresó su resignación y enojo por el tiempo transcurrido sin asistencia oficial alguna en la escena del crimen.
“Hace una hora que llamamos. Cincuenta minutos, no me acuerdo, pero no hay. Tendrían que estar enseguida. Pero esto es costumbre”, sentenció la trabajadora al describir la falta de respuesta de las patrullas policiales tras sufrir el ataque armado dentro de su lugar de trabajo.
La desesperanza provocada por el nulo arribo de los efectivos llevó a las trabajadoras a tomar medidas drásticas en medio de la conmoción del momento. Ante la consulta periodística sobre si continuaría insistiendo telefónicamente con las dependencias policiales, la comerciante descartó de plano realizar nuevos llamados esa misma noche.
“Ya no voy a llamar más. ¿Para qué voy a llamar?”, afirmó con angustia la víctima. Acto seguido, la mujer confirmó que procederían al cierre inmediato de las puertas del local por la noche para resguardar su integridad física y que postergarían la radicación formal de la denuncia policial para la jornada del día siguiente.
El caso expuso de manera cruda la desconexión que sienten los comerciantes frente a los protocolos de respuesta policial ante hechos violentos en la vía pública. La decisión de no aguardar más en la noche y cerrar el establecimiento refleja el grado de desamparo que experimentan los vecinos cuando los mecanismos de emergencia no funcionan con la celeridad requerida.
El robo a comercio y la modalidad delictiva empleada
El episodio en La Blanqueada evidencia una modalidad recurrente en el robo a comercio en distintas zonas urbanas de Montevideo. El empleo de duplas delictivas, donde uno de los integrantes vigila el entorno mientras el otro ejecuta la irrupción violenta, busca maximizar la velocidad del atraco y reducir los tiempos de exposición ante eventuales patrullajes.
En este hecho particular, los delincuentes actuaron con determinación en un horario de alta circulación vehicular y peatonal como las 20:30 horas. Sin embargo, el botín obtenido por los delincuentes fue escaso debido a los cambios estructurales en los hábitos de consumo de los clientes y en los sistemas de cobro de los locales barriales.
El reclamo violento por dinero en efectivo choca de frente con la realidad comercial contemporánea. La bancarización y la generalización del uso de tarjetas de débito y transferencias electrónicas han reducido drásticamente el flujo de papel moneda dentro de los pequeños locales gastronómicos, almacenes y salones de barrio.
Esta situación, explicada con claridad por la víctima durante el robo, provoca frustración en los asaltantes, quienes frecuentemente reaccionan con violencia física al comprobar que los montos almacenados en las cajas registradoras no cumplen con sus expectativas monetarias.
Crece la preocupación por la inseguridad en Montevideo y la zona de La Blanqueada
Las trabajadoras del salón de La Blanqueada no encuadraron este hecho como un suceso aislado, sino como parte de un deterioro sistemático de las condiciones de convivencia y protección en el barrio. En sus declaraciones, la mujer agredida trazó un panorama sombrío respecto a la ineficacia de la vigilancia preventiva y la creciente inseguridad en Montevideo.
“Horrible. La verdad que está horrible. Nunca se ve un policía, nunca se ve nada”, describió la comerciante con severidad al evaluar la escasa presencia de patrulleros y personal a pie en las arterias principales y secundarias de la zona.
Para graficar la vulnerabilidad cotidiana a la que se enfrentan los residentes y comerciantes de la zona de La Blanqueada, la víctima recordó diversos episodios violentos ocurridos en las inmediaciones durante los últimos días. Según su relato, los arrebatos a peatones y los atracos callejeros se han multiplicado de forma alarmante.
La comerciante remarcó que en los últimos tiempos “no hay señora que no le saquen la cartera” al caminar por las aceras del barrio. Asimismo, hizo referencia a un grave incidente acontecido recientemente en el entorno cercano: “El otro día también le rompieron un ojo a una señora contra el cordón por robarle”, enfatizó para describir el nivel de ferocidad de los delincuentes que operan en el área.
La situación en el comercio en Luis Alberto de Herrera y los reclamos del barrio
La avenida Luis Alberto de Herrera constituye uno de los ejes de mayor actividad comercial e interconexión vial en Montevideo. No obstante, los propietarios de locales afirman que el patrullaje preventivo resulta insuficiente para garantizar la tranquilidad de clientes y trabajadores. Cada comercio en Luis Alberto de Herrera se ve obligado a extremar precauciones de seguridad privada, instalar rejas y cámaras, o restringir sus horarios de atención nocturna ante la amenaza constante de hurtos y rapiñas.
La trabajadora del salón sintetizó el cansancio generalizado del comercio barrial con una frase categórica sobre el estado de la seguridad pública en la zona: “Esto ya está intratable”, aseveró como cierre de su descargo periodístico.
Tras la confirmación del suceso por parte de fuentes policiales a Montevideo Portal, se aguarda que las autoridades competentes tomen intervención una vez formalizada la denuncia por parte de las damnificadas durante la jornada del viernes. Los vecinos reclaman un incremento urgente de los patrullajes preventivos en La Blanqueada y una revisión profunda de los tiempos de respuesta del servicio 911 ante hechos violentos con personas heridas.












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