La conmoción pública generada por los episodios de violencia en el transporte capitalino sumó un testimonio crucial este lunes 10 de agosto de 2026. Carlos, el chofer del ómnibus secuestrado perteneciente a la cooperativa UCOT, relató en primera persona los angustiantes momentos que le tocó vivir a bordo de la unidad de la línea 306, cuando cerca de cincuenta personas armadas tomaron el control del vehículo para trasladarse de forma obligatoria hasta el Intercambiador Belloni.
Según detalló el trabajador, el hecho se inició en las inmediaciones de la Terminal del Cerro, momento en que el grupo abordó el coche y le impuso condiciones operativas bajo amenaza directa con armas de fuego. «Cuando sube la parcialidad, me dicen: mirá que vamos a ir escoltados por dos motos adelante, tres o cuatro autos atrás. No sube nadie. Va mi compañero atrás con un arma, el de la moto también va armado. Vamos a cruzar los semáforos en rojo, los muchachos te cortan el tránsito y vos seguís», rememoró el conductor sobre las advertencias iniciales.
El nivel de intimidación se mantuvo constante durante todo el recorrido. Carlos explicó que uno de los agresores se posicionó a sus espaldas encañonándolo permanentemente, mientras que desde el exterior los conductores de los vehículos escolta reforzaban la amenaza. «El que iba atrás me iba apuntando con un arma. El de la moto de adelante estaba con un camperón, que en determinados semáforos para, se me pone adelante, me mira y me muestra el revólver», sostuvo.
A pesar de la presencia de pasajeros ajenos al grupo violento en los primeros tramos de la ruta, la marcha no se detuvo. El conductor intentó preservar la calma tocando la bocina para prevenir colisiones, transitando a alta velocidad y bajo un estado de estrés extremo mientras los ocupantes consumían sustancias estupefacientes y bebidas alcohólicas dentro de la cabina.
Incidentes durante el trayecto y la omisión de auxilio sufrida por el chofer del ómnibus secuestrado
La travesía forzada no estuvo exenta de agresiones hacia terceros. El trabajador relató que en la zona de Paso Molino la unidad detuvo levemente su marcha para que dos de los sujetos descendieran y golpearan violentamente a un peatón que caminaba por la vía pública. Posteriormente, los agresores reingresaron al vehículo y ordenaron continuar el viaje en dirección a la zona este de la ciudad.
A medida que el coche avanzaba por avenidas principales como Luis Alberto de Herrera, los usuarios habituales fueron descendiendo gradualmente en sus respectivas paradas, quedando finalmente la unidad ocupada de forma exclusiva por el grupo armado. Sin embargo, la mayor indignación del conductor se centra en la total ausencia de respuesta por parte de las fuerzas de seguridad a lo largo de todo el itinerario.
Carlos cuestionó con dureza la atención recibida a través del sistema telefónico de emergencias estatales. «Ayer me llama una oficial de 911, me dice que no me escuchaba por tanto ruido en el ómnibus. Yo le dije que estaba en una situación complicada, me cortan el teléfono y en todo el trayecto no hay ningún policía, nadie me llama, ningún patrullero en el camino», denunció el trabajador sobre la falta de acompañamiento policial.
De igual forma, las alertas internas emitidas hacia la central de la cooperativa y los intentos de desviación hacia la Seccional 19 resultaron infructuosos debido a la imposibilidad de hablar abiertamente frente a los captores. Al arribar al destino final en el Intercambiador Belloni, los delincuentes vandalizaron el recinto y se retiraron del lugar sin que se hiciera presente ninguna unidad de patrullaje.
Incertidumbre laboral y el reclamo de garantías para los trabajadores del sector
Tras el desembarco de los ocupantes, el conductor quedó sumido en un cuadro severo de crisis nerviosa y estado de shock que le impidió retomar el control operativo del coche de forma inmediata. Las secuelas emocionales de haber permanecido bajo encañonamiento durante más de media hora reabrieron el debate sobre la vulnerabilidad a la que se exponen los conductores de los turnos nocturnos y periféricos.
Con 13 años de trayectoria en el sistema de transporte colectivo, el trabajador expresó la profunda desprotección que siente la plantilla operativa al momento de cumplir con los itinerarios fijados en áreas críticas de la capital. La falta de personas detenidas por el caso, a pesar de que algunos de los implicados habrían sido identificados mediante registros fílmicos, incrementa la desconfianza del cuerpo social.
El testimonio de Carlos concluyó con una reflexión sobre los riesgos cotidianos que afronta el personal de las cooperativas en las calles. «Alguien debería hacerse cargo y darnos una respuesta. Que todo esto no quede en la nada mañana», reclamó con firmeza el trabajador.
«Es complicado porque tengo una familia, no sabés si mañana subís al ómnibus y si vas a bajar. Es la realidad, no sabés si bajás. Hay que pasar seguido en el 306 por el Cerro, nocturno, a la una de la mañana, no sabés si vas a salir vivo. Si vas a bajar caminando o te van a bajar en un cajón. Todos tenemos una familia pero no tenemos garantías de que vamos a llegar todos los días a nuestras casas», sentenció el conductor tras la traumática experiencia.




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