La jornada del 31 de julio constituye un hito anual para la comunidad universitaria de la República Oriental del Uruguay, fecha en la que tradicionalmente culminan sus estudios los nuevos profesionales de la salud. Mientras las celebraciones masivas se concentraban en las inmediaciones del Parque Batlle en Montevideo, en la ciudad fronteriza de Río Branco se registraba un acontecimiento singular. Una mujer uruguaya se recibe de médica a los 65 años tras completar la última guardia de su práctica profesional en el centro asistencial de la localidad de Cerro Largo.
El logro de Lidia Fernández representó la culminación de un proceso académico extenso, marcado por la postergación voluntaria de sus aspiraciones universitarias para atender responsabilidades de cuidados familiares. La profesional celebró la obtención del título de la Universidad de la República compartiendo en sus plataformas digitales imágenes del cuadro conmemorativo y fotografías de sus seres queridos, a quienes les había jurado completar la carrera.
«Solo les digo que se puede. Nunca dejen de estudiar. La edad es un número. Siempre se puede y no importa lo que les digan», manifestó la profesional en su mensaje público. La repercusión de su testimonio generó numerosas expresiones de reconocimiento por parte de colegas, docentes y vecinos de la zona fronteriza, donde realizó el tramo final de su práctica hospitalaria.
La trayectoria de Fernández en el campo asistencial se inició décadas atrás, desempeñándose como enfermera en el sistema sanitario público de la capital del país antes de decidir retomar los libros en la etapa adulta.

De la neonatología en el Pereira Rossell al momento en que una mujer uruguaya se recibe de médica a los 65 años
El vínculo de Fernández con el área de la salud comenzó con la obtención del título de enfermera técnica. Con esa formación inicial ingresó a prestar servicios en el Hospital Pediátrico Pereira Rossell, principal centro de referencia nacional ubicado en Montevideo. Durante cuatro años trabajó en el sector de neonatología, brindando asistencia en las salas de terapia intensiva e intermedia para recién nacidos en estado crítico.
La trayectoria laboral de la profesional experimentó un giro definitivo tras el nacimiento de su hijo. Al momento en que el niño cumplió diez meses, tomó la decisión de interrumpir el cursado de la carrera universitaria de Medicina para volcarse por completo a las tareas de crianza, una etapa que se prolongó durante quince años.
El proceso de retorno a las aulas universitarias comenzó una vez que su hijo alcanzó la autonomía. No obstante, el reinicio de las actividades académicas coincidió con el deterioro de la salud de sus progenitores. La profesional debió equilibrar las exigencias del estudio con el cuidado continuo de sus padres durante sus respectivas enfermedades, logrando simultáneamente la titulación como Licenciada en Enfermería.
El fallecimiento de sus padres representó un golpe emocional complejo que la llevó a encontrar en la continuidad de los estudios universitarios una herramienta de recuperación personal. Con el aliento de su núcleo familiar y el apoyo de sus compañeros de cursada, decidió completar el tramo final de la carrera médica durante el período de la emergencia sanitaria.

La residencia en Río Branco y el apoyo de sus pares en la recta final
Para completar el último año de la formación profesional, Fernández eligió realizar la práctica asistencial obligatoria en el Hospital de Río Branco, ubicado a más de 400 kilómetros de la capital. La logística de la residencia implicó traslados constantes entre Montevideo y Cerro Largo, coordinando los turnos de guardia médica con su rol de abuela y el ejercicio de su jubilación como enfermera.
Durante la etapa de práctica hospitalaria en la frontera con Brasil, la estudiante integró un grupo de formación compuesto por personas de entre 60 y 70 años. El trabajo colaborativo entre los adultos mayores permitió la conformación de grupos de estudio dedicados a la preparación de los exámenes clínicos y las evaluaciones finales.
«El estudio me dio un salvataje para no caer en la depresión. Ver a mis papás enfermarse me dio un dolor muy grande y mantener la cabeza activa estudiando me permitió concentrarme en otras cosas», explicó Fernández al repasar los factores que sostuvieron su continuidad en el sistema educativo superior.
El proceso formativo incluyó el acompañamiento del cuerpo docente de las cátedras hospitalarias, quienes incentivaron el cumplimiento de las metas académicas de los estudiantes de mayor antigüedad en la facultad.
Proyección profesional y el mensaje sobre el aprendizaje en la etapa adulta
Tras la obtención de la titulación como Doctora en Medicina, Fernández contempla la aplicación del marco normativo del título en su consultorio de estética, área en la cual ya desarrollaba actividades habilitadas para el personal de enfermería. La nueva graduación le permite incorporar procedimientos técnicos reservados a la profesión médica.
Respecto al ejercicio de la medicina clínica tradicional en servicios de emergencia o policlínicas, la profesional evalúa las distintas opciones asistenciales de cara a los próximos años, sin descartar la inscripción en programas de posgrado a partir de 2027.
El testimonio de la profesional reabrió el debate sobre el acceso a la educación universitaria de personas mayores en la región. Diversas instituciones educativas resaltaron el caso como un indicador de la capacidad de aprendizaje continuo a lo largo de toda la vida.
La historia de la enfermera que completó su formación académica a los 65 años permanece como un referente de resiliencia dentro de la comunidad de la salud en el territorio nacional, reconfirmando la vigencia de las metas personales independientemente de la etapa biológica del individuo.






Dejá tu comentario
Comentá con tu nombre y Gmail. Tu correo es privado y nunca se publica.