La crecida del río Uruguay alcanzó este 9 de julio los 7,67 metros en el Puerto de Salto, con un caudal evacuado de 8.200 metros cúbicos por segundo. Las autoridades de Salto Grande ratificaron el pronóstico hidrológico y descartaron que el río supere los siete metros frente al puerto salteño. Sin embargo, el nivel actual ya supera esa cota y la contradicción pasa desapercibida para los responsables de la gestión del riesgo.
El río Uruguay atraviesa su primer pico de crecida estacional de 2026. En Corrientes, el caudal subió seis metros en tres días. Paso de los Libres marca 7,10 metros, a apenas 40 centímetros del nivel de alerta. Salto Grande Abajo registró 9,68 metros. Los números están a la vista, pero la narrativa oficial insiste en minimizar la situación.
No hay evacuados reportados en Salto. Las zonas bajas que suelen afectarse con niveles superiores a 12 metros no presentan inconvenientes por el momento. La cota de seguridad para el Puerto de Salto es de 12 metros. Con esos datos, el gobierno departamental y las autoridades nacionales consideran que la situación está controlada.
Esa tranquilidad aparente es irresponsable. La crecida del río Uruguay ocurre en un contexto climático que las propias autoridades reconocen como crítico. Los meteorólogos anticipan que El Niño será el quinto más intenso desde 1950, con un 85 por ciento de probabilidad de ocurrencia. Las proyecciones hablan de precipitaciones abundantes y copiosas para julio y agosto en el sur de Brasil, con impacto directo en la cuenca del río Uruguay.
La crecida del río Uruguay y el anuncio de evacuados
El meteorólogo Guillermo Ramis advirtió que esas inundaciones van a desembocar en la cuenca alta y media del río Uruguay provocando evacuados en agosto. Los departamentos de Salto, Paysandú y Río Negro pueden ver miles de evacuados si las previsiones se cumplen. Salto Grande estima un 60 por ciento de probabilidad de que El Niño sea muy fuerte.
Frente a este escenario, la respuesta oficial se limita a emitir pronósticos hidrológicos que descartan escenarios de desborde. Hidrología de Salto Grande anticipó un repunte moderado del caudal y prevé que los niveles se mantendrán durante un período de dos a cinco días antes de iniciar un descenso paulatino. Las cotas estimadas para el Puerto de Salto son de 7,60 metros como máximo y 6,40 metros como mínimo.
El problema es que el nivel actual ya supera el máximo estimado. La crecida del río Uruguay no se ajusta a los modelos oficiales y las autoridades siguen repitiendo que todo está bajo control. No hay plan de contingencia visible, no hay obras de prevención en marcha, no hay coordinación con los gobiernos departamentales para preparar los albergues.
El impacto institucional de la inacción
La gestión del riesgo en Uruguay se reduce a reaccionar cuando el agua ya entró en las casas. No hay planificación preventiva, no hay inversión en infraestructura de contención, no hay protocolos actualizados para escenarios de El Niño intenso. La crecida del río Uruguay de julio es apenas un ensayo general de lo que puede ocurrir en agosto.
Las autoridades nacionales y departamentales tienen la información. Saben que El Niño puede provocar inundaciones severas en la cuenca del río Uruguay. Saben que los departamentos de Salto, Paysandú y Río Negro son los más vulnerables. Saben que pueden producirse miles de evacuados. Pero actúan como si nada de eso fuera con ellos.
La crecida del río Uruguay expone la misma ineptitud de siempre: se gobierna mirando el retrovisor, no el parabrisas. Cuando el agua sube, se emiten comunicados. Cuando el agua baja, se archiva el problema. Nadie rinde cuentas, nadie asume responsabilidades, nadie planifica a largo plazo.













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