La reciente visita al USS Nimitz ha generado un intenso debate en la arena política uruguaya, exponiendo visiones contrapuestas sobre la inserción internacional del país. El senador colorado Andrés Ojeda, uno de los legisladores que abordó el superportaaviones nuclear estadounidense, defendió con firmeza la participación del presidente de la República, Yamandú Orsi, en esta actividad. Para el parlamentario, acceder a este nivel de intercambio directo con quienes operan herramientas de seguridad global es una pieza fundamental para la administración actual.
El despliegue, enmarcado en la misión «Mares del Sur 2026» del Comando Sur de los Estados Unidos, permitió que una comitiva uruguaya se trasladara desde el Aeropuerto de Carrasco hacia el buque posicionado en aguas internacionales. Ojeda describió la estructura, que cumple 51 años de servicio, como una «ciudad flotante» capaz de proyectar estabilidad en cualquier región, calificando la jornada como una experiencia de alto impacto visual y técnico.
Visita al USS Nimitz: entre el realismo político y la tradición pacifista
A pesar del entusiasmo expresado por el sector colorado, el panorama interno se tornó complejo tras las declaraciones de la central sindical Pit-Cnt. Marcelo Abdala, presidente de la organización, calificó la presencia de Orsi en la plataforma militar como un acto «decepcionante» y «penoso». Según la visión del gremio, este gesto contradice las tradiciones históricas de Uruguay, que históricamente se ha pronunciado a favor de la paz y en contra de los símbolos de guerra.
La central obrera argumentó que el contexto geopolítico actual, marcado por conflictos en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz, agrava la simbología de subir a un portaaviones norteamericano. Abdala sugirió que, si el objetivo del mandatario era fortalecer vínculos comerciales tras su reciente gira por China, el camino adecuado debería haber sido una misión comercial técnica y no el abordaje de una nave de propulsión nuclear.
El impacto de la misión Mares del Sur 2026
La visita al USS Nimitz no fue un hecho aislado en la región, ya que mandatarios de Argentina y Chile también mantuvieron intercambios similares con la armada estadounidense en sus respectivos litorales. Para Andrés Ojeda, quien fue el único integrante del Senado en concretar el viaje este fin de semana, Uruguay no puede quedar ajeno a los diálogos con los líderes de la seguridad internacional. El senador enfatizó que observar las operaciones de vuelo y la tecnología nuclear del buque ofrece una perspectiva necesaria sobre las herramientas de asistencia global.
El portaaviones CVN-68, uno de los buques de guerra más grandes del mundo, opera como un eje de la estrategia de defensa de EE.UU. y su presencia cerca de las costas uruguayas forma parte de un cronograma de cooperación regional. Mientras el Gobierno defiende estos espacios como oportunidades de reconocimiento mutuo y fortalecimiento de relaciones bilaterales, las voces críticas internas insisten en que tales movimientos podrían comprometer la neutralidad histórica del Estado uruguayo.
Hacia un nuevo equilibrio diplomático
La polémica instalada refleja el desafío de la administración Orsi para equilibrar sus relaciones con las grandes potencias mundiales. Tras haber encabezado una comitiva de alto nivel hacia China en busca de inversiones, el acercamiento al Comando Sur estadounidense parece ser un intento de contrapeso diplomático. Sin embargo, la reacción del Pit-Cnt deja claro que el costo político interno de estos gestos militares no es menor, calificando el episodio de «incomprensible» desde el punto de vista ideológico.
El futuro de la política exterior uruguaya se dirime hoy entre la necesidad de modernización y el respeto a las raíces pacifistas que defiende el movimiento social. Por el momento, la visita al USS Nimitz quedará registrada como un hito donde la tecnología de guerra y la diplomacia de alto nivel se cruzaron con la fuerte resistencia de los sectores tradicionales de la izquierda sindical.






