El panorama económico local se enfrenta a un nuevo desafío derivado de la volatilidad geopolítica internacional. Según el último Informe de Política Monetaria del Banco Central del Uruguay (BCU), una escalada persistente en los valores del crudo debido a los enfrentamientos en Medio Oriente tendría repercusiones directas en la inflación en Uruguay, además de actuar como un freno para el dinamismo de la actividad interna.
A través de ejercicios de simulación que combinan modelos de corto plazo con proyecciones macroeconómicas, la institución analizó un escenario donde el petróleo se sitúa un 55% por encima de lo previsto originalmente. En este contexto, el organismo estima que el costo de vida sufriría un incremento adicional de un punto porcentual en el horizonte de un año.
Inflación en Uruguay: El mecanismo de transmisión del shock
El aumento de los precios internacionales no solo impacta de forma inmediata en la paramétrica de los combustibles locales, sino que se traslada gradualmente a toda la cadena de costos. Este fenómeno elevaría principalmente los precios de los bienes transables —aquellos que se comercializan con el exterior—, los cuales mostrarían un salto de 1,6 puntos porcentuales en apenas cuatro trimestres.
Por el contrario, los servicios y bienes no transables mantendrían una reacción mucho más moderada. Esto se debe a que, actualmente, las expectativas de los agentes económicos permanecen alineadas con el rango meta oficial, lo que evita una espiralización de precios descontrolada. No obstante, el BCU advierte que este shock de oferta obligaría a mantener una política monetaria firme, posiblemente ajustando las tasas de interés para contener las presiones.
Consecuencias en la actividad económica y el consumo
El informe no solo se centra en la estabilidad de precios, sino que detalla el costo en términos de crecimiento. El encarecimiento de los insumos importados provocaría una retracción en los niveles de inversión y una caída en el consumo de los hogares. Como resultado, el Producto Bruto Interno (PBI) podría experimentar una contracción acumulada de 0,7 puntos porcentuales en el mismo periodo.
A pesar de estas proyecciones, el punto de partida para Uruguay es favorable. Con una inflación interanual que se situó en el 2,94% a marzo de 2026 —niveles históricamente bajos—, la economía cuenta con un margen de maniobra que no tenía en décadas anteriores. El objetivo central sigue siendo converger hacia la meta del 4,5% hacia comienzos de 2027, incluso si se materializan los escenarios externos más adversos derivados de los conflictos en las rutas comerciales del estrecho de Ormuz o Bab el-Mandeb.
En suma, el BCU asume una postura de vigilancia activa. Si bien el escenario base contempla que el impacto del petróleo será acotado, la incertidumbre obliga a los agentes a monitorear de cerca el valor del dólar global. Un debilitamiento de la moneda estadounidense podría actuar como un contrapeso natural, abaratando las importaciones y suavizando el impacto final sobre el bolsillo de los uruguayos.






